martes, 3 de mayo de 2022

Receta de Mayo: Pasta al Pesto

 

Los italianos que conozco y en concreto éste del libro insisten en que el pesto debe ser genovés, en concreto de la región de Liguria, no obstante, admite que de no ser posible vale cualquier otro.

En esta receta da la opción de utilizar las pastas al huevo, ya que, entre el queso y la mantequilla de la mezcla, se forma una base láctea que liga con esta pasta, sin embargo, las veces que he utilizado pasta al huevo, no me ha gustado la mezcla (queda demasiado grasienta). Yo os aconsejo espagueti.

La albahaca se puede encargar en el mercado y si tenemos que conseguir 60 gramos de hoja será mejor que sea así, ya que las macetas suelen traer menos peso. Únicamente utilizaremos hoja en perfectas condiciones. En España hay dos Albahacas, la ornamental que es de hoja pequeña y la de hoja grande que es nuestra protagonista.

Para hacer la gustosa crema lo mejor es utilizar el pequeño procesador o licuadora que viene como utensilio de la batidora.

Los Piñones, un alimento sin duda caro, se pueden sustituir por almendras peladas.


Ingredientes

·       pasta seca o casera: cintas al huevo,

                                         tallarines, spaguettini o espagueti

·       60 gr de hoja de albahaca fresca

·       2 cucharadas de piñones/almendra

                                 ·       2 dientes de ajo pelados                                                                (o menos dependiendo del picor que le queramos dar)

·       60 gr de queso parmesano rallado

        ·       2 cucharadas de otro queso rallado:                                         aconseja pecorino romano

·       45 grs de mantequilla ablandada a temperatura ambiente

·       120 ml de aceite de oliva virgen extra

Preparación

1.    Poner las hojas, el aceite, los piñones, el ajo y una cucharita de sal en el procesador y licuar hasta que quede una crema

  •  La salsa se puede preparar hasta este punto y refrigerar, incluso congelar, cubriendo los bordes de aceite para que no se oxide la albahaca y se vuelva negra. 

2.    Pasar la mezcla a una fuente y mezclar con los dos tipos de queso. Como aportación personal: si queremos darle una textura más cremosa a la salsa añadiremos el queso a la procesadora. Así evitaremos su rallado, simplificando la receta

3.    Cuando la pasta este al-dente, colar y mezclar con la salsa, 2 cucharadas de agua caliente y la mantequilla.

4.  SERVIR-DE-INMEDIATO

 

viernes, 29 de abril de 2022

PANTANOFILIA

Uno de nuestros más significativos y más comunes accidentes geográficos es el Pantano. A nosotros, los españoles, nos encantaría tener grandes lagos naturales donde el abundante agua fluyera y no se estancará creando charcos ponzoñosos, pero este es en buena parte un país de meseta y no la idílica, verde y acuosa suiza. Es recomendable visitar una vez en la vida nuestros pequeños y montañosos lagos (Covadonga, Somiedo, Aigües Tortes y Fuentes Carrionas) porque su belleza, aunque sea de alta montaña, nos trasporta a lugares idílicos. 

 

Nosotros tenemos, en buena cantidad pantanos y en buena parte se lo debemos a un señor bajito que gobernó con mano férrea.  Surgieron de la necesidad histórica de almacenar agua para regar los campos y abastecer las ciudades, pero sobre todo de la necesidad de producir energía eléctrica para un país y en un momento que necesita de ella para desarrollarse. La pertinaz sequía se secó a base de pantanos y el pertinaz subdesarrollo se desarrolló a base de la electricidad que producían aquellos.

 

Rodro y Mario sobre un embarcadero en el Embalse de Aguilar de Campo (vacaciones verano 2015)

 

Nunca percibí los pantanos como suministradores de agua y/o electricidad. Y gracias a Dios, tampoco los viví desde el punto de vista del desgraciado labrador que vio su pueblo, sus tierras, su vida inundada para que el progreso llegara al país. (leer Distintas formas de ver el Agua de Julio Llamazares


Yo, que nací en el año 1973, he disfrutado del pantano de forma muy distinta, más bien como un centro de ocio, cuando aún no existían los centros comerciales, de un pedazo de mar en la meseta castellana cuando aún no había posibilidad ni dinero para viajar a la playa con la frecuencia y rapidez de hoy en día.

Antiguo Pueblo Sumergido de San Andres, los niños corren entre las ruinas del pueblo parcialmente decubierto por la Sequia. En el primer plano Trufa.

 

 

Pantanos memorables en mi vida, fueron dos relacionados con casas de vacaciones familiares. Uno en Sacedón, en la provincia de Guadalajara y otro en Villaviciosa de Córdoba

En el de Entrepeñas, en plena Alcarria, mis abuelos paternos tenían una chalet (del que por herencia recibí un 12% que nunca pude disfrutar) y donde, próximo a Madrid, se practicaban todo tipo de deportes acuáticos, como el windsurf, esquí acuático, vela... Recuerdo vagamente paseos y baños en la orilla, pelotas y colchonetas hinchables de ese material verde teloso que desapareció hace tiempo, barbacoas y un perro negro nadando, Atila, creo que se llamaba.... cerca había un club náutico, Las Anclas, incluso una urbanización, del mismo nombre, que en medio de la Alcarria contaba con 6 pisos de altura y vistas al pantano...

El Otro, el de Puentenuevo en Villaviciosa, muy cerca de donde mis abuelos poseían un trocito de cortijo, lo disfrute menos, solo recuerdo la parte de Camping (construido en el antiguo poblado donde los obreros vivieron mientras se construía la presa) y el desasosiego que me producía el saber que debajo de dicho pantano había enterrada una antigua estación-apeadero del tren. Cuando íbamos a bañarnos a esa zona, con una mezcla de terror y curiosidad histórica, caminábamos como Cristo por encima del agua, hasta bien entrado la mitad del pantano, con el agua por las rodillas, expectantes a cada paso, ya que el puente que no veíamos bajo nuestros pies tenía agujeros, trozos rotos que te hundían en el ponzoñal. Una vez qué llegábamos a un torreón visible rodeado de agua, donde en los años cuarenta estuvo la estación, subíamos por el tejado para imaginar el paisaje antes del pantano

 

 Todos los pantanos con los que me he cruzado en mi vida los he tendido a comparar con estos dos, pero cada pantano me aporta cosas nuevas y cosas vividas, los ausculto, buscando vestigios turísticos, detalles en una especie de prospección arqueológica de tiempos recientes.

 

Embalse de Cervera del Pisuerga, con el Parador en el Horizonte

 

  Es curioso y hasta melancólico y posindustrial cruzarse con los pantanos hoy en día, incluso vacacionar en ellos. Los pantanos tienen algo de rancio abolengo y al mismo tiempo de chabacanería y cutrerío. Son playas del quiero y no puedo y sin embargo fueron una forma de vida y ocio, que si lo pensamos fríamente puede compararse con cualquier playa, salvo que lo que siente uno al meter los pies es más parecido a un barrizal que a una arena lisa y la orilla más incomoda y abrupta, casi inexistencia de chiringuitos y de las características olas. Y sin embargo tiene unos atractivos que la playa no tendría, entre las más apreciadas: no hay bandera que te impida el baño, tienen sombrillas hechas de árbol, la distancia con la siguiente bañista eterna, un paisaje que no es solo mar y un sabor que no es todo sal. A algunos incluso, en ese quiero y no puedo, se les construyeron playas con arena y todo, chiringuito, red de vóley, cuartos de baño y hasta duchas.

 

En fin, los pantanos, hoy en día denostados, apartados y subyugados a vacaciones en el interior, han perdido pujanza puesto que hoy las autopistas surcan la península sin bajar de 120  km/h (como antes lo hacia una ardilla  sin tocar suelo), para llevarnos a mil y una playas de lujosa arena y sabor genuino y sin embargo, cuando veraneo en el interior o finisemaneo, busco como un antropólogo posmoderno la decadencia del pantano, sus infraestructuras ajadas, sus clubs náuticos muertos, su urbanizaciones pasadas de moda, sus zonas de baño con sus caducas infraestructuras, sus presas marchitas (hoy solo miradores empobrecidos), los poblados abandonados donde habitaron sus constructores, las oxidadas placas inaugurales, la piedra esculpida con el yugo y la flecha , sus pinos de repoblación perfectamente alineados.... Lo busco como anhelando, en el fondo de mi alma, que vuelva su época de esplendor o retorne mi infancia ya olvidada.

 

                                    Canduela, montaña palentina, tierra de muchos pantanos. Agosto 2015

                                  




martes, 29 de marzo de 2022

LOS QUE NOS QUEDAMOS ATRAS. Crónica de un traslado desde las familias que no quisieron o no pudieron cambiarse al nuevo Colegio Siglo XXI (1983-1985)

 Artículo publicado en la revista 21 Siglos número 59 ( marzo 2022)


Como parte de mi despedida del cole  que toca este curso (2025-2026) estoy recuperando los artículos escritos en la revista 21 Siglos, en este caso solo se publico la primera pagina  de este extenso articulo sobre un hecho traumático para este colegio que fue la gente (alumnado y familias) que dejaron atrás cuando  el colegio se traslado al edificio que ahora es su sede. Fue un aperitivo para incitar la compra del libro del 50 anivesario que debemos agradecer entre otras personas al trabajo incansable de Rosa. 

 

Este artículo, se ha escrito para formar parte del libro:   Cincuenta años educando en cooperativa, que el Colegio Siglo XXI ha editado coincidiendo con su 50 aniversario. 

Quiero agradecer a mi querido colegio la oportunidad que me ha dado al poder escribir sobre parte de su historia.

 

LOS QUE DEJAMOS ATRAS

por Patrick Narbona (antiguo alumno del nuevo Siglo XXI y actual cooperativista)